sábado, 3 de noviembre de 2012

Tenme presente. Dónde quieras verme: miráme. Por favor, recuérdame.

  Soy aquel hombre que hace caricaturas en una calle perdida de Paris. Y aquel mendigo que llena de música el callejón a la espera de recibir un techo bajo el que dormir. Aquellos niños que juegan a la orilla de la playa. Soy la luna llena de esta noche y los mil y un lobos que salen a aullarla. Soy escritor, tinta y tintero. Y pluma, por supuesto. Soy el frío mes de enero. Y la juez de línea de carrera. De gotas de lluvia que caen en tu ventana. Y en tus mejillas. Soy la parada del tren y sus mil y un pasajeros. Y en la parada de tu cintura soy la cosquilla. La sonrisa y el camarero. Aquel que os presentó. Soy reencuentro y soy partida. Soy, un triste marco que no olvida. Soy su vientre, y el terremoto y la sensación que lo habita cuando siente todo aquello que no distingue. Soy todas y cada una de las hojas que caen en el otoño, soy el barrendero que las recoge y el astronauta que se ausenta. Y las estrellas que se convierten en alfombra y la nube que el mismo otoño hizo niebla. Soy milagro y soy pecado. Soy un niño en su primer día en la escuela. Soy camino, y caminante. Soy espejo y tu semejante. Soy la voz que no te ciega. Pero los ojos que te hacen enmudecer. Soy un triste ramo marchito, y el amor que he producido. En forma de matrimonio, de hijos y de la época de novios. Y de volverse revelde y de gritarse y ni soportarse. Soy paciencia y despedida. Soy dolor y a veces vida.