miércoles, 29 de junio de 2011

Memorias de un soldado.

Día 120.

Se acabó, hoy pongo fin a 120 días que se me han escurrido entre los dedos.¿Ahora? Vuelta a casa. Voy tal y como vine, un avión y siete horas de vuelo. Sin embargo, el que va no es el mismo que el que vino. Es cierto que mi ropa ha cogido un tono amarronado, que tengo una cicatriz en la cara y que cogearé de por vida-según el doctor-. Pero estos son pequeños cambios, insignificantes comparados conlo que va dentro de mi. Yo ya lo sabía y mamá me lo advirtió "Una guerra no es una experiencia más, no te deja indiferente". Y eso es cierto, hay cambios que van más alla de mi ropa, por debajo de mi piel; cambios que han dejado una huella en mi. Ver a tu amigo tirado en el suelo, pidiendo ayuda y no poder acudir a el porque tienes que luchar para defender a miles de personas a las que la mayoría ni conoces, gente que a lo mejor no darían nada por ti, gente a la que odiarias; no es tan facil.
Convivir con personas igual de valientes que tú, las únicas que tienes en esos momentos, saber que no estas sólo, que todo lo que tu sufres alguién lo puede comprender, compartir con ellos tus miedos o simplemente acudir a ellos para evadirte de todo y tener que ver como los pierdes, como se van. Injustamente, desafortunadamente. Saber que te podía haber tocado a ti y que tu vida depende de cada uno de tus movimientos. Nada de eso es fácil.
Todos vemos fotos, artículos en revistas, reportajes y escuchamos la radio o las noticias; pero ver un fusil en una revista a medio metro de tí no es lo mismo que verlo a medio metro de tí así sin mas, sin nada por medio. Este te paraliza el corazón para que segundos después este intente recuperar su pulso, y se acelera hasta el punto en el que escuchas como rebota contra tus costillas, sientes como recorre tu garganta un golpe seco. 
Tampoco es facil saber que toda esa tensión que sientes en esos instantes ha sido opción tuya, que has elegido -de alguna forma- sufrir.
Te preguntas porqué tomastes esa decisión en momentos en los que la idea de abandonar se cruza por tu mente y no obtienes respuesta, nada. No es que no haya respuesta pero solo la obtienen aquellos que llegan al final.
Hicistes todo aquello y al terminar te das cuenta de que vale la pena, te das cuenta de que has hecho lo que era necesario pero nadie quería afrontar. Que después de todo sabes que el día en el que debas marchar podrás sentirte satisfecho de haber ayudado a millones de personas, que nadie jamás podrá quitartela valentía de haber seguido hasta el final a pesar de las veces en las que deseastes dejarlo todo. Sabes que le has dado sentido a tu vida y que has servido para algo, que -tú- ya no eres en vano.

jueves, 16 de junio de 2011

¿Qué harias si no tuvieras miedo?

El sol me acariciaba la piel cubierta de arena y tenia el pelo lleno de sal recogido en un pequeño moño. Nuestros dedos estaban entrelazados y sus ojos tapados por las gafas de sol. Todo era perfecto. Entonces se quitó las gafas y me miró con sus ojos verdes.
-¿Qué piensas?
-Todos es demasiado perfecto, ¿no crees?
Leyendome los pensamientos, como solía hacer, dijo:
-Adivino que estarás pensando en lo imposible que será repetir este momento tan bonito.
Sonreí, lo que entendió como un sí.
-Te diré una cosa, haré lo que sea por que cada día de tu vida sea tan perfecto cómo este.
-¿Y si no lo consigues?
-Siempre te quedaran los recuerdos. De todos modos creo que tienes miedo y no hay "por qué".
-Si lo hay, miedo a perderte.
-¿Qué harías si no tuvieras miedo? A nada.
Pensé un rato.
-Dejaría de preocuparme por todo esto, disfrutaría contigo y te pediría una cosa.
-¿El qué?
-Que vinieses conmigo a ver lo que hay al otro lado del mar.
Sonrió y tiró las gafas de sol junto a su camiseta. Me agarró de nuvo la mano y comenzamos a correr hacia el mar.

El frío de mi cuerpo pregunta por ti.

Aún recuerdo aquellos días de colegio. Aquel en el que te sentastes conmigo y juntos pintamos las caretas de carnaval a la vez que pintabamos juntos nuestro futuro. Recuerdo como metistes los dedos en el bote de pintura y me manchastes la nariz de color verde, como el de tus ojos. Recuerdo que mojé el pincel y te salpiqué la cara. Y esa forma adorable en la que te limpiabas con la manga de tu sudadera porque tenías las manos manchadas. No he olvidado ese pequeño lunar que tenías en el cuello y que dejabas ver cuando te cortabas el pelo. Ni la forma en la que arqueabas las cejas sin darte cuenta.

No sabes lo que me gustaría seguir creando recuerdos, seguir apreciando esos detalles que sé que nadie apreciará de ti. Y esque le puse tu nombre a cada estrella fugaz, soplé pensando en tí mis velas de cumpleaños de cada año, desde que te conocí. Fuiste tanto, te has ido y no me queda nada.

Lo que me contó la abuela.

Mamá nunca me dijo cual era mi enfermedad, siempre decía que un niño de diez años no debía preocuparse por eso, que eran cosas de mayores. No me decía muchas cosas para no hacerme daño, supongo.
De todos modos yo sabía más cosas de las que ella pudiera imaginar y otras a pesar de no saberlas las intuía. Yo sabía que mi enfermedad era algo grave, me lo decía el rostro de mi madre cuando un médico entraba en la sala, el de mi abuela al venir a verme cada Jueves y la tristeza en los ojos de la gente que me conocía por primera vez. Me sentía estúpido, como si todo el mundo me conociese a mi mejor que yo mismo.
Cómo una persona normal, yo también me sentía solo y triste a veces y no había nada que me animase más que los Jueves en los que mi abuela pasaba las tardes conmigo en el hospital. Sin excepción, todos los Jueves me contaba una historia diferente. Decía que tenía que conocer el mundo que había fuera de las cuatro paredes de mi habitación en el hospital. Sólo pude verlo una vez con mis propios ojos pero no recuerdo bien. Ingresé aquí con tres años y no he vuelto a salir, hace dos años empecé a aborrecer esta habitación y fue cuando mi abuela comenzó a contarme historias. Aún recuerdo la última que me contó:

 
Cuando el ABURRIMIENTO había bostezado por tercera vez, la LOCURA, como siempre tan loca, les propuso:
- ¿Jugamos al escondite?
La INTRIGA levantó la ceja intrigada y la CURIOSIDAD, sin poder contenerse, preguntó: "¿Al escondite? y ¿cómo es eso?"
- Es un juego -explicó la LOCURA en que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras ustedes se esconden y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes al que encuentre, ocupará mi lugar para continuar el juego.
El ENTUSIASMO bailó secundado por la EUFORIA. La ALEGRÍA dio tantos saltos que terminó por convencer a la DUDA, e incluso a la APATÍA, a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar. La VERDAD prefirió no esconderse (¿para qué?), si al final siempre la hallaban, y la SOBERBIA opinó que era un juego muy tonto (en el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido suya), y la COBARDÍA prefirió no arriesgarse...
- Uno, dos, tres... -comenzó a contar la LOCURA.
La primera en esconderse fue la PEREZA que, como siempre, se dejó caer tras la primera piedra del camino. la FE subió al cielo, y la ENVIDIA se escondió tras la sombra del TRIUNFO, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol mas alto. La GENEROSIDAD casi no alcanzaba a esconderse; cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos: que si un lago cristalino, ideal para la BELLEZA; que si el bajo de un árbol, perfecto para la TIMIDEZ; que si el vuelo de la mariposa, lo mejor para la VOLUPTUOSIDAD; que si una ráfaga de viento, magnifico para la LIBERTAD. Así que termino por ocultarse en un rayito de sol. El EGOÍSMO, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo... pero solo para él.
La MENTIRA se escondió en el fondo de los océanos (¡mentira!, en realidad se escondió detrás del arco iris), y la PASIÓN y el DESEO en el centro de los volcanes. El OLVIDO... ¡se me olvidó donde se escondió!... pero eso no es lo importante.
Cuando la LOCURA contaba 999.999, el AMOR todavía no había encontrado un sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado, hasta que divisó un rosal y, enternecido, decidió esconderse entre sus flores.
- ¡Un millón!- contó la LOCURA y comenzó a buscar.
La primera en aparecer fue la PEREZA, sólo a tres pasos de la piedra. Después se escuchó a la FE discutiendo con Dios en el cielo sobre Teología. Y a la PASIÓN y al DESEO los sintió en el vibrar de los volcanes.
En un descuido encontró a la ENVIDIA y, claro, pudo deducir donde estaba el TRIUNFO. Al EGOÍSMO no tuvo ni que buscarlo; el solito salió disparado de su escondite, que había resultado un nido de avispas.
De tanto caminar sintió sed y, al acercarse al lago, descubrió a la BELLEZA. Y con la DUDA resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aun de que lado esconderse.
Así fue encontrando a todos: el TALENTO entre la hierba fresca, la ANGUSTIA en una oscura cueva, la MENTIRA detrás del arco iris y hasta el OLVIDO, al que ya se le había olvidado que estaba jugando al escondite.
Pero solo el AMOR no aparecía por ningún sitio.
La LOCURA busco detrás de cada árbol, bajo cada arroyo del planeta, en la cima de las montañas y, cuando estaba por darse por vencida, diviso un rosal y las rosas... Y tomo una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escuchó. Las espinas habían herido en los ojos al AMOR. La LOCURA no sabía que hacer para disculparse; lloró, rogó, imploró y hasta prometió ser su lazarillo.

Desde entonces, desde que por primera vez se jugó al escondite en la tierra, el AMOR es ciego, y la LOCURA lo acompaña siempre.

No le dejes decidir a la suerte.

La suerte viene y va, nos manipula como si fuese superior a nosotros. Capáz de hacerte volver a intentarlo o de engañarte haciendote pensar que no vales la pena. Le damos la importancia de dejar que elija por nosotros cuando no sabemos que hacer. Es el nombre que le damos a las cosas a las cuales a veces no tienen explicación. Pero, no deberiamos, no tiene derecho.
Elige así sin criterio alguno y escoge a veces los peores días para jugar su papel. Va felizmente agarrada de la mano con su amigo el destino, pero te diré una cosa: El destino es para los perdedores, es una esúpida excusa para esperar a que las cosas sucedan en vez de hacerlas suceder.
Así que ponte en pie, saca tu sonrisa y vete ha hacer todo aquello que tengas pendiente. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, quizás mañana sea tarde.

Querida Olivia.


Hace tiempo que pensaba en escribirte, si te soy sincero, miro este papel en blanco desde hace mas de una semana. Hoy hace un día de esos de lluvia y  manta polar, de los de quedarse en casa y ver películas, así que me he decidido a escribirte.
En realidad no hay nada especial que quiera decirte, sólo me esperanzaba la pequeña posibilidad de que al leer esto, pasará mi recuerdo por tu cabeza aunque fuero un segundo e incluso quizás, me respondieras, así guardaría aquí conmigo tus palabras junto a otros muchos recuerdos. Sí, eso es, recuerdos. Tan sólo recuerdos del pasado. Pasado. Me sigo preguntando si algun día serán más que recuerdos, si nos volveremos a encontrar. Y esque Olivia, a decir verdad, no he vuelto a pasar tardes tan apacibles como aquellas de verano en las que paseabamos por la playa hablando de todo, sin realmente decir nada; y no creo que las vuelva a pasar si no son junto a ti.
En fin.. supongo que terminaré diciendo que cada día mis pulmones hechan más de menos la falta de oxigeno por culpa de tus brazos y asumiendo que esta no es más que otra de un montón de cartas que nunca me atreveré a enviarte.
Te quiero,
Lucas

Let's waste time chasing cars.

Tiempo de ese que siempre falta y nunca sobra. Quisiera tener más de ese tiempo, del que se disfruta. No tiempo del que pierdes, sino con el que pierdes la nocción del tiempo. Estar siempre ahí con personas que hagan que se te pasen las horas. Quisiera que no me sobrara el tiempo, pero desde que te fuistes hay un vacio dentro de mi.


Ya no me despierto con ese olor a tostadas por las mañanas, ya no es tu beso de buenos día mientras te pones la chaqueta el que me despierta. Hecho de menos perder cinco minutos cada día poniendote la corbata. Tambien hecho de menos que entres en casa de la oficina, exactamente a las siete y treinta y seis segun el reloj que me regalo mi madre.
Ya no damos paseos a las cinco de la tarde, ni vemos películas los sabados después de cenar. Ya no me acuesto con ganas de despertar para volver a repetir nuestra rutina, por el mero hecho de que ya no hay rutina. No hay rutina sin ti. Pasó los días memorizando cada uno de nuestros movimientos, por si algun día decdes regresar. Para que sigamos con nuestra rutina, como si no te hubieras ido.

Hablan mucho pero no dicen nada.

Cuando sientas que no vales o que esto no merece la pena. Cuando estes triste, ven aquí, deja que te cuente.



Dejame que te diga, que recuerdes todo lo bueno que tienes, que pienses en esas veces en las que alguien te ha hecho sentir que valías la pena.
O dejame que te recuerde que hay gente con menos que tu, que sonríe más. Dejame que te haga pensar que por ellos, por tí, por mi, debes sonreir.
Quizás pienses que el mundo es injusto contigo. Te diré que no estas solo. Te diré que hay egoistas que son y ricos y gente pobre que compartiría. Te diré que hay buenas personas desafortunadas y malas personas con suerte. Hay humildes que son feas y una gran inteligencia escondida entre vagos. Hay esperanza donde no hay futuro y caras tristes donde no hay disgustos.
Así que mirate, luego mirame a mi a los ojos y deja que vea tu sonrisa, porque vas a sonreir. Porque te vas a dar cuenta de que eres afortunado. De que si eres bueno la vida ha sido justa contigo y si no, has tenido mucha suerte. Y esque seas quien seas, solo por poder estar aquí, por poder leer esto,por tener ojos para leerlo e inclusó un corazón para sentirlo, quiero decirte que: MERECES LA PENA

No te pido nada que no me puedas dar.

Que me apages el brilllo de los labios a besos cada noche, que te termines el último sorbo de aire que queda en mis pulmones, que me cuentes los lunares, que formes parte de mi rutina, que rompas el silencio de mi habitación, que me pasees veinte veces por cada calle de Madrid y luego no me acuerde de ninguna porque me he perdido en otra ciudad más adentro de ti, que te hagas dueño de cada rincón de mi mente, ocupes todos mis pensamientos y cuando acabes pases a conquistar mi corazón. No dejes minutos libres en mi agenda, llenalos de películas absurdas que cobran un poco de sentido a tu lado, de momentos de los que podamos sacar pequeñas cosas estúpidas cómo regalos de tiendas de turistas para mi baúl de recuerdos. Que poses tu mano en mi mejilla mientras duermo para sentirte mientras no te veo. Que no quiero perder un segundo a tu lado, que a tu lado el tiempo es oro.

El calor era evidente, pero dentro de ella aún era invierno.


Llevaba una coleta alta y sus gafas puestas, había cambiado su anillo de dedo y en vez de atar sus cordones los había arrugado dentro de las zapatillas. Estaba nerviosa. Llevaba coleta alta para que el pelo no le molestara y había pensado que no le daba tiempo a atar sus zapatillas antes de salir de casa. Pero llegó diez minutos antes de lo que debía.
Noté como había mordisqueado su uña.
-Siéntate, por favor.
A partir de ahí, todo lo que sucedió después, las dos horas que transcurrieron antes de que ella marchara de nuevo- cómo cada Jueves a las 7:30- bueno, digamos que ese tiempo ella habló y yo escuché.
Dos horas durante las cuales palabras salían de su boca como prisioneras que llevaban demasiado tiempo encerradas. Dos horas en las cuales comprendí su prisa por llegar a verme y esque no era solo verme, para ella yo era un pozo donde vaciaba todo lo que llevaba dentro, todo lo que acumulaba cada semana, día tras día. Todo el odio que se tragaba, el sufrimiento que no expresaba... lo vaciaba cada tarde de Jueves allí conmigo. No necesitaba más que sentarse allí y ver como yo la escuchaba, como sus lágrimas podían resbalar por sus mejillas sin ser judgadas antes de llegar al suelo. Para ella la mejor terapia era un silenció como respuesta. No quería escuchar opinión alguna sobre lo que ella tenía que decir, solo quería ser escuchada.

viernes, 10 de junio de 2011

Mi corazón lleva tatuado tu nombre.

Te juro que lo intenté, que intenté olvidarte y sacrte de mi cabeza pero aquella habitación guarda demasiadas noches junto a ti.
Mi almohada todavía conserva tu olor y las ventanas todavía me recuerdan aquellas veces en las que asomabas la cabeza y gritabas a la gente así sin si quiera preocuparte de a quien podrías encontrar. Tus sonrisas todavía siguen colgadas en marcos sobre mi pared e incoscientemente sigo escuchando desde mi piano aquellas canciones que me dedicaste. Cada mañana veo como asoma por debajo de la cama esa maleta que en tantos viajes nos acompañó. ¿Recuerdas? París, Roma y las Islas Baleares. Seguro que esos sitios tambien hechan de menos tu inocente risa y las mil y una fotos que me obligaste a que nos hicieramos. Aún guardo en el cajón tus gafas y tu presencia sigue allí al lado de la estantería. ¿Yo? Yo sin embargo estoy aquí, en tu puerta. Sé que tuvistes que marcharte y que tu corazón no es alguna de las cosas que te dejastes olvidadas en mi ático, que seguramente lo guarde otro en su bolsillo pero te pido que aunque no sea para quedarte vuelvas conmigo y recojas tus cosas.
Deja que llene con otro aroma mi habitación que no sea tu amargo recuerdo.

La libertad se llama Carla


Carla era una pequeña luz, que nunca se apagaba. Ella tenía un mundo interior, de allí supuse que sacaba todos los secretos de su felicidad. Carla siempre llevaba una sonrisa puesta en la cara como si sus dientes se trataran de medallas y trofeos que, orgullosa, quería enseñar. Carla nunca estaba triste, nunca. Me confesó que el secreto para esto era apreciar lo bueno que tenía el mundo y disfrutarlo como si fuese tuyo. Carla cuando el mundo tuviese una mancha o algo que no fuese digno de ver, salía corriendo, se escabullía entre la multitud y regresaba a aquel mundo interior en el cual se escondía del espantoso exterior. Carla se ponía tacones para hacer sonar sus pasos y daba carmin a sus labios para que sus besos quedaran marcados. Ella bailaba por la calle al ritmo de la música que producían sus propias cuerdas vocales. Carla era la definición de libertad. De no ser de nadie a la vez que nos regalaba un poco de ella y de su felicidad cada día.

Dicen que siempre no es para siempre, y ese siempre que todos esperamos que Carla estuviera con nosotros acabó poco antes de llegar al para siempre. Carla se fue; quiso hacerse sonar en otra parte o esconderse de todos a los que algun día había llamado. Fuera cual fuese el motivo, se fue y tuvimos que aprender a ser sin ella. Aprendimos que hay que disfrutar de las cosas y personas que se te cruzan en la vida sin llegar a depender de ellos. Que tanto la libertad de Carla, como las personas (como Carla) vienen y van pero que al final, al fin y al cabo nosotros seremos los únicos que estaremos aquí siempre y para siempre.

Bebiendo tequila pa' olvidarle.


Siempre, siempre iba y venía de un lado a otro ajetreado con asuntos mil. Siempre con su traje de chaqueta, que a partir de las 12:30- por tanto moverse de un lado a otro- dejaba asomar por fuera la camisa. Iba siempre acompañado de un maletín que supuse que llevaba lleno de tiempo puesto que con una sonrisa siempre aceptaba cualquier invitación. Miraba constantemente el reloj y sus bolsillos estaban inundados de listas con cosas por hacer y asuntos que arreglar. Su voz era firme, de un hombre seguro y su "buenos días" hacía parecer que llevara toda la vida despierto.
Poca parte del tiempo que tenía lo dedicaba para sí mismo hasta que un día dejó olvidado su maletín en el tren que cogía diariamente, todas sus listas fueron a parar a la lavadora junto a un par de pantalones y cuatro camisas y su reloj de algún modo dejó de funcionar. ¿O quizás fue el tiempo el que dejó de funcionar? No lo sé, pero toda su rutina se fue por la ventana junto al viento de Marzo y algunas gotas de lluvia que asomaban desde Abril. Todo esto coincidió con que le visitó un tal Amor. Él decía que era bueno y que jamás haría algo así pero yo creo que fue precisamente él quien desordenó los papeles, le nubló la mente y se hizo poco a poco con él cambiando por completo su vida.
Tan delicadamente como vino, se fué. Por la misma puerta y con el mismo traje pero dejando atrás un caos y pocas fuerzas para arreglarlo.