Se acabó, hoy pongo fin a 120 días que se me han escurrido entre los dedos.¿Ahora? Vuelta a casa. Voy tal y como vine, un avión y siete horas de vuelo. Sin embargo, el que va no es el mismo que el que vino. Es cierto que mi ropa ha cogido un tono amarronado, que tengo una cicatriz en la cara y que cogearé de por vida-según el doctor-. Pero estos son pequeños cambios, insignificantes comparados conlo que va dentro de mi. Yo ya lo sabía y mamá me lo advirtió "Una guerra no es una experiencia más, no te deja indiferente". Y eso es cierto, hay cambios que van más alla de mi ropa, por debajo de mi piel; cambios que han dejado una huella en mi. Ver a tu amigo tirado en el suelo, pidiendo ayuda y no poder acudir a el porque tienes que luchar para defender a miles de personas a las que la mayoría ni conoces, gente que a lo mejor no darían nada por ti, gente a la que odiarias; no es tan facil.
Convivir con personas igual de valientes que tú, las únicas que tienes en esos momentos, saber que no estas sólo, que todo lo que tu sufres alguién lo puede comprender, compartir con ellos tus miedos o simplemente acudir a ellos para evadirte de todo y tener que ver como los pierdes, como se van. Injustamente, desafortunadamente. Saber que te podía haber tocado a ti y que tu vida depende de cada uno de tus movimientos. Nada de eso es fácil.
Todos vemos fotos, artículos en revistas, reportajes y escuchamos la radio o las noticias; pero ver un fusil en una revista a medio metro de tí no es lo mismo que verlo a medio metro de tí así sin mas, sin nada por medio. Este te paraliza el corazón para que segundos después este intente recuperar su pulso, y se acelera hasta el punto en el que escuchas como rebota contra tus costillas, sientes como recorre tu garganta un golpe seco.
Tampoco es facil saber que toda esa tensión que sientes en esos instantes ha sido opción tuya, que has elegido -de alguna forma- sufrir.
Te preguntas porqué tomastes esa decisión en momentos en los que la idea de abandonar se cruza por tu mente y no obtienes respuesta, nada. No es que no haya respuesta pero solo la obtienen aquellos que llegan al final.
Hicistes todo aquello y al terminar te das cuenta de que vale la pena, te das cuenta de que has hecho lo que era necesario pero nadie quería afrontar. Que después de todo sabes que el día en el que debas marchar podrás sentirte satisfecho de haber ayudado a millones de personas, que nadie jamás podrá quitartela valentía de haber seguido hasta el final a pesar de las veces en las que deseastes dejarlo todo. Sabes que le has dado sentido a tu vida y que has servido para algo, que -tú- ya no eres en vano.











