Te juro que lo intenté, que intenté olvidarte y sacrte de mi cabeza pero aquella habitación guarda demasiadas noches junto a ti.
Mi almohada todavía conserva tu olor y las ventanas todavía me recuerdan aquellas veces en las que asomabas la cabeza y gritabas a la gente así sin si quiera preocuparte de a quien podrías encontrar. Tus sonrisas todavía siguen colgadas en marcos sobre mi pared e incoscientemente sigo escuchando desde mi piano aquellas canciones que me dedicaste. Cada mañana veo como asoma por debajo de la cama esa maleta que en tantos viajes nos acompañó. ¿Recuerdas? París, Roma y las Islas Baleares. Seguro que esos sitios tambien hechan de menos tu inocente risa y las mil y una fotos que me obligaste a que nos hicieramos. Aún guardo en el cajón tus gafas y tu presencia sigue allí al lado de la estantería. ¿Yo? Yo sin embargo estoy aquí, en tu puerta. Sé que tuvistes que marcharte y que tu corazón no es alguna de las cosas que te dejastes olvidadas en mi ático, que seguramente lo guarde otro en su bolsillo pero te pido que aunque no sea para quedarte vuelvas conmigo y recojas tus cosas.
Deja que llene con otro aroma mi habitación que no sea tu amargo recuerdo.

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