jueves, 13 de julio de 2017
Pero a veces gana todo lo demás. El peso de la vida y, sobretodo, pensar que un día ví a mi madre llorar. No todo tiene siempre el sentido que necesitamos y sin embargo es justo eso lo que nos hace seguir vivos. Todo cobra sentido cuando toca fondo y lleva demasiado tiempo desde que ha dejado de tenerlo. Quiero decir, miranos. Cuánto tiempo negué ante mis propios ojos que fueras algo más que la certeza. No quiero volver a decirlo. Pero gritan. Y callarlos, joder callar a los niños de mi estómago que lloran cada vez que te ven, eso no lo hace cualquiera. Cómo un enamorado que no ha dicho nunca en voz alta que le sobra piel y le falta tu almohada. No es demasiado tarde, si aún quisieras, para borrar el daño que nos hemos hecho al chocarnos justo al otro lado del círculo que hemos trazado, mientras huíamos del daño que nos hemos evitado.
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