sábado, 21 de enero de 2012

Se escuchaba la música desde su mp3 pero las palabras de aquella canción se perdían en el ruido del agua callendo. Canturreaba sin entonar y chapoteaba mientras se aclaraba el pelo. Notaba como los nudos se deshacían entre sus dedos con suavizante y pasaba la mano una y otra vez por su pelo. Se enjuagó y se dio media vuelta, entonces inclinó la cabeza hacia atras y dejó que el chorro de agua callese fuertemente en su cara y resbalase por sus hombros y el resto de su cuerpo. Ya no escuchaba ni tan siquiera la música, simplemente abrió la boca para respirar y se quedó allí relajando cada músculo bajo el agua caliente. Cuando sintió que estaba preparada y había terminado posó la mano sobre el contador de agua y apagó de un impulso el agua caliente sin pensarlo más de un par de segundos. Pasaron instantes hasta que el chorro de agua caliente comenzase a caer como una puñalada de hielo, sintió la adrenalina del frío repentino y no pudo evitar sonreir como siempre hacía.

Esa era la sensación que quería tener cada noche. El saber que algo bueno va a terminar, el intentar apurar al máximo los últimos segundos aun sabiendo que espera un cambio brusco y una vez que este llega, descubrir que al fin y al cabo no es tan malo. No solo eso, tambien el sonreir inevitablemente. Por la adrenalina del cambio, la adrenalina de algo nuevo que en un principio temías pero que descubres, no es tan malo.

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