Dice
que ya no siente, que la magia se ha apagado y que el dolor se ha
bañado de indiferencia. Que no le importas, que no te quiere. Dice que
puede vivir sin ti y que ya no eres ese único motivo de su existencia.
Pero hay cosas que hablan por si solas.
Hablan
sus ojos y habla su voz. Su cabeza se lo repite y al verte lo recuerda.
Que sigues siendo obsesión y necesidad, que si no estas no tiene ganas
de más. Ese sentimiento que no tiene nombre ni definición alguna, ese
frío incluso bajo el sol que más quema. Siempre le erizarás la piel y se
pondrá el vestido más bonito cuando tu estés. Y aunque lo desmienta, no
se engaña, se protege. No quiere aceptralo y no la culpo. No quiere
admitir que alguien como tú sea aun más importante que ella misma, le da
vergüenza quererte tanto. Le asusta que le reemplaces el narcisismo y
detesta sentirse mejor cuando tu estas aunque ni la mires.
Y hoy
más que nunca, lo recuerda. Hace tiempo ya casi cuatro primaveras que
celebrabais juntos. 'Amor' por todo lo alto. Pero nunca un amor dulce y
delicado. Era amor a lo bestia, en estado brutal. Os quisisteis tanto
que no pensasteis en fronteras ni maneras. No contabais los días si no
que hacíais que los días contasen. Os respirabais el uno al otro y no
necesitabais más para sobrevivir.
Pero te fuistes con el
invierno, el frío te entumecía y no sintiste dolor. Desde entonces ella
te espera y aunque por ahí diga que ya no te quiere, a mí nunca me lo
niega.

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