martes, 14 de febrero de 2012

Dice que ya no siente, que la magia se ha apagado y que el dolor se ha bañado de indiferencia. Que no le importas, que no te quiere. Dice que puede vivir sin ti y que ya no eres ese único motivo de su existencia.
Pero hay cosas que hablan por si solas.
Hablan sus ojos y habla su voz. Su cabeza se lo repite y al verte lo recuerda. Que sigues siendo obsesión y necesidad, que si no estas no tiene ganas de más. Ese sentimiento que no tiene nombre ni definición alguna, ese frío incluso bajo el sol que más quema. Siempre le erizarás la piel y se pondrá el vestido más bonito cuando tu estés. Y aunque lo desmienta, no se engaña, se protege. No quiere aceptralo y no la culpo. No quiere admitir que alguien como tú sea aun más importante que ella misma, le da vergüenza quererte tanto. Le asusta que le reemplaces el narcisismo y detesta sentirse mejor cuando tu estas aunque ni la mires.
Y hoy más que nunca, lo recuerda. Hace tiempo ya casi cuatro primaveras que celebrabais juntos. 'Amor' por todo lo alto. Pero nunca un amor dulce y delicado. Era amor a lo bestia, en estado brutal. Os quisisteis tanto que no pensasteis en fronteras ni maneras. No contabais los días si no que hacíais que los días contasen. Os respirabais el uno al otro y no necesitabais más para sobrevivir.
Pero te fuistes con el invierno, el frío te entumecía y no sintiste dolor. Desde entonces ella te espera y aunque por ahí diga que ya no te quiere, a mí nunca me lo niega.

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