viernes, 22 de junio de 2012


De como las palabras quedan olvidadas y la tinta se desgasta. De como el invierno se pasa. Estaban hechos de gritos ahogados, acostumbrados al aire ennegrecido por el tabaco que enjaulaban sus costillas. De huecos, de rotos. De batallas perdidas por causas no entendidas. Y de cicatrices. Cicatrices que recordaban a lucha y perseverancia, a pesar de no llevar con ellas sabor a victoria. Estaban hechos de nostalgia entre las costillas y de como las cenizas vuelan mientras las observan entre lágrimas.
Pero todo porque un día hubo vida en ellos. Fueron la luna y su lunatico. Cada noche. Y cada noche convertida en amanecer. Fueron susurros que se perdian al viento y libres viajaban en forma de caricias. Escalofrios y adrenalina en estado puro. Fueron un mar de inocencia y bañaban de ilusion a cada naufrago. Fueron el grafito que quedaba atrás en el papel, la historia y el significado del que este se disfrazaba. Fueron intensos, como una pequeña luz que destella, magnifica y conmovedora pero efímeros al fin y al cabo.

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