jueves, 11 de octubre de 2012
'Atandome a ti, hallé la libertad.'
Y en aquel mismo septiembre, aquella tarde a escasas semanas de que comenzaran a caer las hojas, cayó el sol. Se escondió bajo el mar, cruzando la línea de meta a la que te empeñabas en llamar horizonte. Y nos dejó sumidos en la noche más cálida con tan solo siete pecas iridescentes en el traslúcido tejado a las que insistías en llamar estrellas.
Bailamos con nuestros cuerpos acompasados al son que marcaban las olas y bajo la luz del faro tú te veías tan hermosa. Bañada en inocencia, guíada por tu ley de vida: "... tan solo hay que dejarse llevar." Tu mirada se escurría entre mis poros como la arena entre las manos y te llevabas, insaciable, todo lo que guardaba dentro. Entonces, tumbados boca arriba, luchamos por recuperar el aliento, como hipnotizados por la luna.
Fue entonces cuando sentí el vacío acariciando mis costillas. Desbordaba ausencia y rebosaba paz. Aquella fue la noche en la que te lo di todo. Mientras la noche se convertía en amanecer ante nosotros comprobé que aquella aurora, después de haberme atado a ti fue cuando más libre jamás me sentí.
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