domingo, 25 de agosto de 2013
Carta n° 290 a un remitente desconocido.
A veces un desconocido es más importante para nosotros que la suma de todos los 'amigos' que podamos tener. No ya solo por el misterio de descubrir y que sea alguien nuevo, alguien por conocer que aún no ha tenido tiempo de decepcionarnos. Sino por que a veces un desconocido es el mejor espejo, la mejor forma de mirarse a uno mismo. Allí nos vemos tal como somos, desde fuera. Allí podemos vaciarnos sin miedo de ser juzgados, de perder a nadie. Y comienzas a confiar tu vida a un extraño, basado en eso. Te viertes, te desbordas, te vacías y al mismo tiempo te conoces, te conocen. Hasta que un día te das cuenta de que ha pasado demasiado tiempo y de que cada vez es menos un extraño. Te das cuenta de que ya sabe demasiado sobre ti, de que ya aparece la palabra confianza como si fuera más persona que oídos. Te das cuenta de que ha llegado el momento de buscar a un nuevo extraño.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario