Y cuando pense que habías desaparecido para siempre de mi vida, que ni tu, ni tus recuerdos ocupabais una pequeña porción de mi ya... ¡Plaf! Allí bajo aquel cuadro de un barco, a pocos metros del interruptor de la luz: tu sombra. Tardé unos segundos en reconocerla, en averiguar que eras tú, el mismo, que no habías cambiado. Copa en mano, esperabas de pie. Quizás era a mi a quien esperabas. Observe la silueta de tu cuerpo, tal y como la recordaba, no te habías ido simplemente había tapado tu recuerdo con noches entre amigos y hobbies sin sentido que esperaba que mantuviesen mi mente ocupada. Y funcionó, funcionó, pero de repente apareces así sin más y no entiendo nada. Me froté los ojos varias veces y me convencí de que tu imagen no era mas que fruto del cansancio, me giré y cuando iba a mi habitación el viento fresco de verano me recordó que había dejado la ventana abierta. Dos pasos, poso mi mano en la ventana y allí estas, sentado en el sofa de casa de Ana, bebiendo con ella, bebiendote de un sorbo mi ilusión.

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