La tristeza llega sin avisar, así de repente. Se te cuela entre las costillas y acampa dispuesta a quedarse. A veces incluso sin motivo alguno. Al principio duele, pero poco a poco te haces a ella, te acostumbras. Hay veces en las que piensas que nunca se irá y otras que sabes que es algo pasajero pero aun asi duele como si se te incrustara en el pecho. Te quita las ganas de todo, tan solo te trae recuerdos. O te recuerda cosas que jamas fueron y que sabes que jamas llegaran a ser. Se hace contigo y te roba las palabras. Como todo, pasa. Pero tambien hay una tristeza que no duele, tan solo te conmueve, te apaga. Te hace parar y pensar. Recapacitar.
lunes, 3 de octubre de 2011
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La tristeza llega sin avisar, así de repente. Se te cuela entre las costillas y acampa dispuesta a quedarse. A veces incluso sin motivo alguno. Al principio duele, pero poco a poco te haces a ella, te acostumbras. Hay veces en las que piensas que nunca se irá y otras que sabes que es algo pasajero pero aun asi duele como si se te incrustara en el pecho. Te quita las ganas de todo, tan solo te trae recuerdos. O te recuerda cosas que jamas fueron y que sabes que jamas llegaran a ser. Se hace contigo y te roba las palabras. Como todo, pasa. Pero tambien hay una tristeza que no duele, tan solo te conmueve, te apaga. Te hace parar y pensar. Recapacitar.
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