lunes, 10 de octubre de 2011

Cenicienta es la prueba de que un zapato puede cambiarte la vida.

Fueron tantas las veces que te vi planchar mis camisas mientras arrugabas mi sonrisa. Tantas las veces que barrias el suelo mientras yo deseaba que tus manos barriesen por mi pelo. Llegabas puntual cada lunes y miercoles a las 9 de la mañana, venías a poner un poco de orden pero te ibas dejando un caos mas grande del que ya de por si había. Todo quedaba bien colocado y ajustado en su lugar pero detras de cada detalle se escondía tu recuerdo esperando a que tu marcharas para atacarme. Tu 'buenos días señor' escondido detras del humo de mi pipa sonaba demasiado distante para lo cerca que yo te deseaba. Fue por ello que muchas veces intente contarte a ti todo esto pero cuando conseguía terminar la tostada tu ya habías salido tarareando alguna de tus canciones desde la cocina hacia el salon, siempre tan alegre... Yo levantaba la vista del periódico justo cuando tu te volvias para quitar el polvo a algun libro viejo. Pero de todo esto tu jamás te diste cuenta. Tú, siempre tan despistada, tan alegre en cada pequeño detalle, tan inocente... fueron mil indirectas las que te mandé y aun así mi mujer consiguió enterarse antes que tu. Yo la quería pero tu eras una distracción continua, una escapatoria de la rutinaria vida que llevaba y tan solo un par de días por cada siete. Ahora me pregunto que hubiese sido de nosotros si me hubieses tomado en serio aquellos guiños de ojo, si hubieses estado mas atenta y menos distraida. Quizás invertirías tu tiempo en mi regazo en vez de en el cuello de mis camisas. O quizás hubieses salido corriendo, poniendo fin a mi descanso semanal de la monotonía de mi mujer y esta no hubiese llegado a darse cuenta. Quizas hoy alguna mujer si no tu a la que deseé cada lunes y miércoles, la que fue mia los días restantes de aquellas semanas -estaria hoy conmigo.

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